Mónica V., 52
“Durante meses casi no tocaba a mi marido. No porque hubiera ningún problema entre nosotros, sino porque simplemente había perdido por completo las ganas de intimidad.
Eso era precisamente lo que más me preocupaba: ni siquiera lo echaba de menos. Antes solía ser yo quien tomaba la iniciativa.
Después de un tiempo empecé a notar que esa sensación cambiaba poco a poco. Volví a acercarme a él por iniciativa propia y, de repente, el contacto físico dejó de ser algo que intentaba evitar.
Siento como si por fin hubiera recuperado una parte de mí misma que creía haber perdido.”






